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CBD vs THC: diferencias en efectos, dosificación y cómo actúan juntos

Definition
El CBD (cannabidiol) es un cannabinoide no intoxicante que modula receptores serotoninérgicos y vanilloides, mientras que el THC (Δ9-tetrahidrocannabinol) es el agonista parcial de CB1 responsable del efecto psicoactivo del cannabis. Según Pertwee (2008), ambos comparten la fórmula molecular C₂₁H₃₀O₂, pero su actividad receptorial, perfil de seguridad y aplicaciones terapéuticas son radicalmente distintos.
18+ only — esta guía aborda farmacología cannabinoide y rangos de dosificación relevantes para la fisiología adulta.
El CBD (cannabidiol) es un cannabinoide no intoxicante que modula receptores serotoninérgicos y vanilloides, mientras que el THC (Δ9-tetrahidrocannabinol) es el agonista parcial de los receptores CB1 responsable del efecto psicoactivo del cannabis. Según Pertwee (2008), ambos comparten la misma fórmula molecular (C₂₁H₃₀O₂), pero su actividad receptorial, su perfil de seguridad y sus aplicaciones son radicalmente distintos. Entender las diferencias entre CBD y THC empieza por este hecho: misma fórmula, comportamiento farmacológico opuesto. Los dos interactúan con el sistema endocannabinoide, pero sus rangos de dosis, efectos secundarios y usos terapéuticos investigados no podrían ser más dispares. Este artículo desglosa las diferencias reales —moleculares, farmacológicas y prácticas— para que dejes de adivinar y entiendas qué hace cada uno.
Aviso: Este artículo tiene fines exclusivamente educativos y no constituye consejo médico. Los cannabinoides pueden interactuar con medicamentos y afectar a cada persona de forma diferente. Consulta siempre con un profesional sanitario cualificado antes de usar productos con CBD o THC, especialmente si tomas otros fármacos o tienes condiciones de salud preexistentes. La información refleja la investigación publicada a fecha del artículo y puede no recoger los hallazgos más recientes.
Cara a cara: CBD y THC de un vistazo
Las diferencias más relevantes entre CBD y THC caben en una tabla que cruza farmacología, efectos y seguridad. Esta comparación directa, extraída de fuentes revisadas por pares, muestra por qué estos dos cannabinoides exigen enfoques completamente distintos en cuanto a dosificación y expectativas.

| Dimensión | CBD (Cannabidiol) | THC (Δ9-Tetrahidrocannabinol) |
|---|---|---|
| Fórmula molecular | C₂₁H₃₀O₂ | C₂₁H₃₀O₂ |
| ¿Intoxicante? | No — no produce intoxicación | Sí — produce el «colocón» característico del cannabis |
| Actividad receptorial principal | Baja afinidad por CB1/CB2; modula otros receptores (5-HT1A, TRPV1, GPR55) | Agonista parcial de CB1 (cerebro) y CB2 (sistema inmunitario) |
| Efectos subjetivos reportados | Calma, reducción de tensión; sin alteración de la coordinación ni la cognición | Percepción alterada, relajación, aumento de apetito, posible ansiedad a dosis altas |
| Rango de dosis habitual en investigación | 10–50 mg/día para uso general; hasta 300–600 mg en estudios clínicos de ansiedad | 2,5–5 mg para adultos sin tolerancia; 10–25 mg moderada; por encima de 50 mg se considera alta |
| Inicio de efectos (oral/comestible) | 30–90 minutos | 30–120 minutos |
| Duración (oral) | 4–8 horas | 4–8 horas (los efectos subjetivos pueden prolongarse más) |
| Efectos secundarios habituales | Sequedad bucal, somnolencia a dosis altas, molestias gastrointestinales leves | Sequedad bucal, ojos rojos, deterioro de memoria a corto plazo, aumento de frecuencia cardíaca, ansiedad/paranoia a dosis altas |
| Inhibición enzimática clave | CYP2C19, CYP3A4 | CYP2C9, CYP3A4 |
| Condiciones investigadas | Epilepsia, ansiedad, inflamación, dolor crónico (coadyuvante) | Náuseas/vómitos (quimioterapia), pérdida de apetito, espasticidad, dolor crónico |
Misma fórmula, molécula distinta: ¿cómo es posible?
CBD y THC son isómeros estructurales. Comparten la fórmula C₂₁H₃₀O₂, pero la disposición espacial de sus átomos es diferente, y esa diferencia lo cambia todo. El THC presenta un anillo cíclico cerrado que le permite encajar en los receptores CB1 del cerebro como una llave en su cerradura. El CBD tiene ese anillo abierto, lo que significa que prácticamente rebota en ese mismo receptor sin activarlo. Esa única variación estructural es la razón completa por la que un compuesto te intoxica y el otro no.
Según Pertwee (2008), el THC actúa como agonista parcial de los receptores CB1: los activa, pero no al máximo, lo que explica en parte por qué la intoxicación por cannabis se siente diferente a la de los cannabinoides sintéticos, que golpean esos receptores con toda su fuerza. El CBD, en cambio, tiene una afinidad de unión negligible por CB1. Opera a través de una constelación de otros objetivos: receptores serotoninérgicos 5-HT1A, canales vanilloides TRPV1 y el receptor huérfano GPR55, entre otros (Laprairie et al., 2015). Por eso algunos investigadores llaman al CBD un compuesto «multidiana»: no hace una cosa a gritos, hace varias cosas en voz baja.
¿Es psicoactivo el CBD? (Depende de cómo definas el término)
En sentido farmacológico estricto, el CBD sí es psicoactivo: altera el estado mental. Pero no es intoxicante, es decir, no deteriora la cognición, no distorsiona la percepción y no produce un «colocón». La frase «el CBD no es psicoactivo» se repite constantemente y es técnicamente incorrecta. Si el CBD reduce tu ansiedad o te ayuda a conciliar el sueño, está afectando tu estado mental, y eso, por definición, es psicoactividad. El término preciso es no intoxicante. Puedes tomar 50 mg de CBD y conducir sin problema. No puedes decir lo mismo de 50 mg de THC. Esta distinción es una de las diferencias entre CBD y THC peor entendidas en la conversación popular.
Un informe del Comité de Expertos en Drogodependencia de la OMS concluyó que el cannabidiol «no parece tener potencial de abuso ni causar daño» y no presenta efectos indicativos de dependencia (WHO ECDD, 2017). El THC, por su parte, puede generar tolerancia con el uso regular y, en un subgrupo de consumidores frecuentes, trastorno por uso de cannabis, estimado en aproximadamente un 9 % de las personas que prueban el cannabis y un 17 % de quienes empiezan en la adolescencia (Lopez-Quintero et al., 2011).
Mito: el CBD es «medicinal» y el THC es «recreativo»
Tanto el CBD como el THC cuentan con aplicaciones terapéuticas documentadas en investigación clínica, y ambos se usan fuera del ámbito médico. La separación medicinal-recreativo es cultural y política, no farmacológica. El THC tiene usos médicos bien establecidos. El dronabinol (THC sintético) es un fármaco aprobado para las náuseas inducidas por quimioterapia desde 1985. El nabiximols (un spray con proporción THC:CBD aproximada de 1:1) se prescribe para la espasticidad en esclerosis múltiple en más de 25 países. Mientras tanto, el único fármaco basado en CBD con aprobación regulatoria amplia es Epidiolex, indicado para formas raras de epilepsia (Devinsky et al., 2017).
Dale la vuelta: mucha gente usa CBD simplemente para relajarse o por bienestar general, algo tan «recreativo» como tomar un suplemento vitamínico. El EMCDDA (Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías) ha señalado este desdibujamiento de categorías en sus informes sobre política de cannabis en los estados miembros de la UE (EMCDDA, 2020). La Beckley Foundation (2016) ha abogado igualmente por políticas basadas en evidencia que superen el marco simplista de «bueno contra malo» aplicado a cannabinoides individuales.
Mito: el CBD es «bueno» y el THC es «malo»
Ninguno de los dos cannabinoides es intrínsecamente bueno o malo. Ambos tienen beneficios y riesgos dependientes de la dosis, la fisiología individual y el contexto. Los efectos secundarios del THC —deterioro de la memoria a corto plazo, aumento de la frecuencia cardíaca, ansiedad a dosis altas— son reales, pero son dependientes de la dosis y del contexto. En entornos de investigación se ha observado que la mayoría de adultos reportan relajación leve sin deterioro cognitivo significativo a dosis orales bajas, mientras que cantidades más altas sin tolerancia pueden producir una experiencia genuinamente desagradable que dura varias horas.
El CBD tampoco está libre de inconvenientes. A dosis superiores a 300 mg/día —el rango utilizado en estudios clínicos de ansiedad y epilepsia— puede causar somnolencia, diarrea y cambios en el apetito. Más importante aún: el CBD inhibe enzimas del citocromo P450 (particularmente CYP2C19 y CYP3A4), lo que significa que puede alterar los niveles sanguíneos de otros medicamentos. Según Nasrin et al. (2021), tanto THC como CBD inhiben CYP2C y CYP3A4, aunque las interacciones farmacológicas clínicamente relevantes son más probables con THC a dosis superiores a 30 mg/día. Si tomas fármacos con receta —especialmente anticoagulantes, antiepilépticos o inmunosupresores— esto importa, y mucho.
¿Es más efectivo el CBD con o sin THC?
La evidencia disponible sugiere que CBD y THC funcionan mejor juntos que por separado para ciertas aplicaciones —un fenómeno denominado efecto séquito— aunque la investigación sigue en desarrollo y está lejos de ser concluyente. El concepto fue propuesto por primera vez por Mechoulam y Ben-Shabat (1998) y se debate desde entonces.

Existe cierto respaldo clínico. Un metaanálisis de 2018 de Pamplona, da Silva y Coan encontró que los pacientes que usaban extractos de planta completa ricos en CBD para la epilepsia reportaban dosis efectivas aproximadamente cuatro veces menores que los que usaban CBD purificado (Epidiolex), y con menos efectos secundarios. Es una diferencia llamativa, aunque el diseño del estudio era observacional, no aleatorizado, por lo que la evidencia es sugerente, no definitiva.
Lo que parece razonablemente establecido es que el CBD puede modular los efectos del THC. Según Niesink y van Laar (2013), el CBD parece reducir algunos de los efectos menos agradables del THC —particularmente ansiedad y paranoia— cuando ambos están presentes. Esta es una de las razones por las que las variedades de cannabis con una proporción THC:CBD equilibrada tienden a producir una experiencia más manejable que las variedades con THC alto y CBD nulo. Si alguna vez te has preguntado por qué cierto cannabis te pone nervioso y otro te sienta bien, la proporción CBD:THC es a menudo gran parte de la respuesta.
Si los fármacos de molécula única son «mejores» que los preparados de planta completa sigue siendo una cuestión genuinamente abierta. El CBD farmacéutico (Epidiolex) tiene la ventaja de una dosificación precisa y consistente, además de aprobación regulatoria para indicaciones específicas. Los extractos de planta completa pueden ofrecer efectos más amplios a dosis menores, pero presentan variabilidad entre lotes y menor supervisión regulatoria. Ninguno es categóricamente superior: depende por completo de para qué lo uses y cuánta precisión en la dosis necesites.
Dosificación: por qué el THC requiere más precaución
El THC tiene una ventana efectiva estrecha donde la diferencia entre una dosis cómoda y una abrumadora puede ser de apenas 10 mg, mientras que el CBD tolera un rango mucho más amplio sin efectos adversos graves. Estudios clínicos han utilizado hasta 1.500 mg/día de CBD sin efectos adversos potencialmente mortales (Taylor et al., 2018), aunque esa es una dosis extrema de investigación, no una recomendación. Para uso general, los rangos de investigación se sitúan en torno a 10–50 mg/día, y los estudios sobre ansiedad típicamente emplean 300–600 mg. Investigadores y clínicos generalmente aconsejan comenzar por el extremo inferior de cualquier rango y ajustar gradualmente según la respuesta individual.
El THC es otra historia. En la investigación publicada, 2,5 mg se considera una microdosis para adultos sin tolerancia, 5 mg es una dosis baja estándar, y cualquier cosa por encima de 25 mg por vía oral entra firmemente en territorio de «solo para usuarios experimentados». La distancia entre «agradable» y «profundamente incómodo» puede ser tan pequeña como 10 mg para alguien sin tolerancia. Esto es especialmente relevante con los comestibles, donde el inicio es lento (a menudo 60–90 minutos) y la tentación de redosificar es alta. La biodisponibilidad oral del THC también varía significativamente según si has comido: una comida rica en grasas puede aumentar la absorción de forma sustancial.
Un dato más que conviene tener presente: los comestibles con THC sufren metabolismo de primer paso en el hígado, convirtiendo el Δ9-THC en 11-hidroxi-THC, que cruza la barrera hematoencefálica con mayor eficiencia y se reporta subjetivamente como más potente en entornos de investigación. Por eso 10 mg de THC en un comestible pueden sentirse mucho más fuertes que 10 mg inhalados. El CBD no tiene este problema de amplificación. Estas diferencias de dosificación entre CBD y THC están entre las cuestiones más importantes a nivel práctico antes de adquirir cualquier producto cannabinoide.
Efectos secundarios comparados
El THC produce más efectos secundarios agudos que el CBD a dosis típicas, incluyendo sequedad bucal, ojos rojos, aumento de la frecuencia cardíaca, deterioro de la memoria a corto plazo y ansiedad a dosis elevadas. Según una revisión de Hoch et al. (2020) en Deutsches Ärzteblatt International, el consumo crónico e intensivo de cannabis (principalmente alto en THC) se asocia con deterioro cognitivo que revierte parcialmente tras una abstinencia sostenida, aunque los usuarios adolescentes pueden experimentar efectos más duraderos.

El perfil de efectos secundarios del CBD es más leve, pero no inexistente. Los efectos adversos más comúnmente reportados en ensayos clínicos incluyen fatiga, diarrea y cambios en el apetito o el peso (Iffland y Grotenhermen, 2017). A dosis altas, el CBD puede elevar las enzimas hepáticas, algo señalado durante los ensayos de Epidiolex, particularmente cuando se coadministraba con valproato. Para la mayoría de adultos que usan dosis en rango de suplemento (10–50 mg), los efectos secundarios graves son infrecuentes.
Ninguno de los dos compuestos tiene una dosis letal documentada en humanos. Las visitas a urgencias relacionadas con cannabis están vinculadas casi exclusivamente al THC —generalmente por sobreconsumo de comestibles— y se resuelven sin daño permanente, aunque la experiencia puede ser genuinamente angustiante. El EMCDDA ha rastreado estos incidentes en los estados miembros europeos y encuentra de forma consistente que las complicaciones médicas graves por cannabinoides solos siguen siendo extremadamente raras.
Efectos secundarios exclusivos del THC
Ciertos efectos adversos aparecen exclusiva o predominantemente con el THC y no tienen equivalente en el uso de CBD. Entre ellos están los característicos «ojos rojos» causados por vasodilatación, el deterioro de la memoria a corto plazo durante la intoxicación, el aumento de la frecuencia cardíaca (típicamente un 20–50 % por encima del nivel basal en la primera hora) y, a dosis más altas, ansiedad aguda o paranoia. El CBD no produce ninguno de estos efectos a ninguna dosis estudiada, lo que constituye una de las diferencias prácticas más claras entre CBD y THC.
Efectos secundarios más frecuentes con CBD
El CBD tiene su propio perfil de efectos adversos, menos aparatosos pero igualmente dignos de mención. Las molestias gastrointestinales —particularmente diarrea— aparecen con más frecuencia en los ensayos clínicos de CBD que en los de THC, probablemente debido a las dosis absolutas más altas empleadas en la investigación con CBD. La elevación de enzimas hepáticas es una preocupación específica del CBD a dosis farmacéuticas (por encima de 300 mg/día), especialmente cuando se combina con otros fármacos de metabolismo hepático. Estos efectos rara vez se reportan en el rango de 10–50 mg típico de los aceites de CBD de consumo general.
Elegir entre productos de CBD y THC
Qué producto te conviene depende de si buscas un apoyo no intoxicante o la experiencia cannabinoide completa, y en muchos casos, una combinación de ambos ofrece el resultado más equilibrado. Si buscas aceite CBD para una calma general sin intoxicación alguna, los aceites de CBD de espectro completo (que contienen trazas de THC por debajo del 0,2 %) son el punto de partida más habitual. Para quienes les interesa el efecto séquito, existen productos con proporciones CBD:THC equilibradas donde la normativa lo permite.
Lo que todavía no sabemos
La ciencia de los cannabinoides tiene lagunas significativas que ninguna cantidad de texto comercial seguro de sí mismo puede rellenar. Los datos de seguridad a largo plazo para el uso diario de CBD más allá de 2–3 años son esencialmente inexistentes en adultos sanos. El efecto séquito, aunque plausible, carece de la evidencia de ensayos controlados aleatorizados que lo convertirían en algo científicamente asentado. La variación individual en el metabolismo de cannabinoides (impulsada por polimorfismos genéticos del CYP450) significa que las guías de dosificación son aproximaciones, en el mejor de los casos. Y la interacción entre CBD, THC y las decenas de cannabinoides menores presentes en los extractos de planta completa sigue pobremente caracterizada. Presentamos aquí la mejor evidencia disponible, pero «mejor disponible» no es sinónimo de «completa». Las diferencias entre CBD y THC descritas en este artículo reflejan el estado actual de la investigación, y ese estado seguirá evolucionando.
El veredicto
CBD y THC son herramientas complementarias de la misma planta con perfiles de riesgo fundamentalmente distintos. El THC es más potente miligramo a miligramo, más intoxicante, más dependiente de la dosis exacta y más propenso a causar efectos secundarios agudos, pero también tiene aplicaciones terapéuticas únicas que el CBD no puede replicar. El CBD es más suave, más indulgente en la dosificación, no intoxicante y ampliamente bien tolerado, pero no es una molécula mágica, y «no intoxicante» no significa «sin efecto alguno».
El territorio más interesante puede estar donde ambos se solapan. Un cuerpo creciente de evidencia sugiere que los dos compuestos se complementan, con el CBD suavizando las aristas del THC y el THC potencialmente aumentando la eficacia del CBD. Si quieres profundizar en cómo interactúan los cannabinoides con medicamentos, el artículo dedicado a interacciones farmacológicas de cannabinoides en la wiki de Azarius cubre la farmacología en detalle. Para opciones de producto, consulta la categoría de aceites CBD o la sección de comestibles para encontrar lo que se ajuste a tus necesidades.
Referencias
- Beckley Foundation (2016). Cannabis Policy: Moving Beyond Stalemate. The Beckley Foundation, Oxford.
- Devinsky, O. et al. (2017). Trial of cannabidiol for drug-resistant seizures in the Dravet syndrome. New England Journal of Medicine, 376(21), 2011–2020.
- EMCDDA (2020). Cannabis legislation in Europe: an overview. European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction, Lisbon.
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- Iffland, K. and Grotenhermen, F. (2017). An update on safety and side effects of cannabidiol. Cannabis and Cannabinoid Research, 2(1), 139–154.
- Laprairie, R.B. et al. (2015). Cannabidiol is a negative allosteric modulator of the cannabinoid CB1 receptor. British Journal of Pharmacology, 172(20), 4790–4805.
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- Nasrin, S. et al. (2021). Cannabinoid metabolites as inhibitors of major hepatic CYP450 enzymes. Clinical Pharmacology and Therapeutics, 109(6), 1523–1529.
- Niesink, R.J.M. and van Laar, M.W. (2013). Does cannabidiol protect against adverse psychological effects of THC? Frontiers in Psychiatry, 4, 130.
- Pamplona, F.A., da Silva, L.R., and Coan, A.C. (2018). Potential clinical benefits of CBD-rich cannabis extracts over purified CBD. Frontiers in Neurology, 9, 759.
- Pertwee, R.G. (2008). The diverse CB1 and CB2 receptor pharmacology of three plant cannabinoids. British Journal of Pharmacology, 153(2), 199–215.
- Suraev, A.S. et al. (2020). Cannabinoid therapies in the management of sleep disorders: a systematic review of preclinical and clinical studies. Sleep Medicine Reviews, 53, 101339.
- Taylor, L. et al. (2018). A phase I, randomized, double-blind, placebo-controlled, single ascending dose, multiple dose, and food effect trial of the safety, tolerability and pharmacokinetics of highly purified cannabidiol. CNS Drugs, 32(11), 1053–1067.
- WHO ECDD (2017). Cannabidiol (CBD) Pre-Review Report. Expert Committee on Drug Dependence, 39th Meeting, Geneva.
- Zuardi, A.W. et al. (2017). Inverted U-shaped dose-response curve of the anxiolytic effect of cannabidiol during public speaking in real life. Frontiers in Pharmacology, 8, 259.
Última actualización: abril de 2026
Preguntas frecuentes
8 preguntas¿Es psicoactivo el CBD?
¿Cuánto THC es demasiado para alguien sin tolerancia?
¿Qué es el efecto séquito?
¿Puede el CBD interactuar con mis medicamentos?
¿Tiene el CBD efectos secundarios?
¿Es verdad que el THC en comestibles pega más fuerte que fumado?
¿Cómo es posible que el CBD y el THC tengan la misma fórmula molecular pero efectos tan distintos?
¿Cuánto tardan en hacer efecto los comestibles de CBD y THC y cuánto duran?
Sobre este artículo
Luke Sholl escribe sobre cannabis, cannabinoides y los beneficios más amplios de la naturaleza desde 2011, y ha cultivado personalmente cannabis en armarios de interior durante más de una década. Esa experiencia de culti
Este artículo wiki se ha redactado con ayuda de IA y ha sido revisado por Luke Sholl, External contributor since 2026. Supervisión editorial a cargo de Toine Verleijsdonk.
Aviso médico. Este contenido es únicamente informativo y no constituye asesoramiento médico. Consulta a un profesional sanitario cualificado antes de consumir cualquier sustancia.
Última revisión 24 de abril de 2026
References
- [1]Devinsky, O. et al. (2017). Trial of cannabidiol for drug-resistant seizures in the Dravet syndrome. New England Journal of Medicine, 376(21), 2011–2020.
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