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Kratom y el hígado

Definition
Los alcaloides del kratom se metabolizan extensivamente en el hígado a través de las enzimas CYP3A4 y CYP2D6. Existen informes de casos de lesión hepática, aunque la incidencia poblacional sigue sin cuantificarse. Este artículo analiza la farmacología, los factores de riesgo y las estrategias de monitorización basadas en la evidencia disponible.
El kratom y el hígado es un tema que genera preocupación legítima y, al mismo tiempo, bastante confusión. Los alcaloides de Mitragyna speciosa se metabolizan de forma extensiva en el hígado, lo que significa que este órgano asume la carga principal cada vez que consumes una dosis. Existen informes de casos clínicos de lesión hepática que merece la pena tomar en serio, pero la incidencia real a nivel poblacional sigue sin estar definida con precisión. A continuación, lo que dicen la farmacología, la literatura clínica y —no menos relevante— las lagunas en nuestro conocimiento actual.
Cómo se metaboliza el kratom
Los alcaloides del kratom se procesan fundamentalmente a través de las enzimas del citocromo P450, en concreto CYP3A4 y CYP2D6, ambas localizadas en el hígado. La mitraginina, el alcaloide más abundante en la hoja de kratom —representa aproximadamente el 66 % del contenido total de alcaloides según Kruegel y Grundmann (2018)—, sufre un extenso metabolismo hepático de primer paso mediado por estas familias enzimáticas. Las mismas enzimas CYP procesan una enorme variedad de fármacos, y esto es exactamente lo que convierte las interacciones farmacológicas del kratom en una preocupación real, no en una especulación teórica.
CYP3A4 se encarga de la mayor parte del metabolismo de fase I de la mitraginina, generando varios metabolitos. Uno de ellos es la 7-hidroximitraginina, que resulta ser unas 13 veces más potente en el receptor mu-opioide que la propia mitraginina (Kruegel et al., 2016). Es decir, tu hígado no se limita a degradar el kratom: está convirtiendo activamente un compuesto más suave en otro más potente. Este paso de bioactivación tiene consecuencias directas. Cualquier factor que altere la actividad de CYP3A4 —ya sea zumo de pomelo, ketoconazol, claritromicina o variaciones genéticas— puede modificar el perfil farmacológico de lo que realmente has consumido.
CYP2D6 desempeña un papel secundario, pero esta enzima es notoriamente polimórfica: aproximadamente entre el 6 y el 10 % de los europeos son metabolizadores lentos, mientras que entre el 1 y el 2 % son metabolizadores ultrarrápidos (Bradford, 2002). En la práctica, esto significa que dos personas que tomen exactamente la misma cantidad del mismo producto de kratom pueden acabar con niveles sanguíneos significativamente distintos de metabolitos activos. No es algo exclusivo del kratom —ocurre con la codeína, el tramadol y docenas de otros sustratos de CYP2D6—, pero sí implica que la respuesta individual al kratom es más difícil de predecir de lo que la mayoría de los usuarios asumen.
Hepatotoxicidad: qué dicen los informes clínicos
La lesión hepática asociada al kratom se ha documentado en varias decenas de informes de casos publicados entre 2010 y 2022, aunque la incidencia a nivel poblacional sigue siendo desconocida. Una revisión sistemática de Osborne et al. (2022) identificó casos que se presentaban como hepatitis colestásica (alteración del flujo biliar), lesión hepatocelular (daño directo a las células hepáticas) o un patrón mixto. El inicio de los síntomas se producía habitualmente entre 1 y 8 semanas de uso regular, y la mayoría de los pacientes se recuperaron tras la suspensión del consumo, aunque un número reducido de casos progresó a insuficiencia hepática aguda.
El cuadro clínico descrito en estos informes tiende a repetirse: elevación de las transaminasas (ALT y AST frecuentemente entre 10 y 20 veces por encima del límite superior de la normalidad), ictericia, orina oscura y fatiga. Las biopsias hepáticas, cuando se realizaron, mostraron colestasis intrahepática e inflamación portal. Una serie de casos publicada en el Journal of Clinical and Translational Hepatology (Kapp et al., 2020) documentó ocho casos, siete de los cuales se resolvieron en menos de dos meses tras abandonar el consumo de kratom.
Ahora bien —y esto es relevante—, prácticamente todos los casos publicados presentan factores de confusión que dificultan una atribución limpia. El policonsumo de sustancias es habitual en la literatura clínica. Algunos pacientes tomaban paracetamol, alcohol u otras sustancias hepatotóxicas de forma simultánea. La adulteración de los productos es otra variable: los informes de casos rara vez incluyen un análisis de alcaloides del producto realmente consumido, de modo que a menudo desconocemos la dosis, el contenido de mitraginina o si el producto contenía contaminantes. Un análisis de la US public health authorities de 2019 detectó que algunos productos de kratom en el mercado estadounidense estaban contaminados con metales pesados, incluyendo plomo y níquel (2018), lo que introduce una vía hepatotóxica completamente diferente. El Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías ha señalado igualmente la calidad inconsistente de los productos de kratom en los mercados europeos como un factor que complica la evaluación de riesgos.
El mecanismo propuesto para la lesión hepática específica del kratom no está plenamente establecido. Algunos investigadores sugieren una reacción idiosincrásica —es decir, no dependiente de la dosis, sino una hipersensibilidad inmunomediada o metabólica que afecta a un subgrupo reducido de individuos—. Otros han apuntado a una toxicidad mitocondrial directa observada en estudios in vitro (Saidin et al., 2023), aunque extrapolar resultados de cultivos celulares al hígado humano siempre conlleva limitaciones importantes. La valoración honesta es que disponemos de una señal plausible, una colección de informes de casos y varios mecanismos candidatos, pero no de una vía confirmada ni de un método fiable para predecir quién está en riesgo.
Extractos frente a hoja: la dosis importa
Los extractos de kratom proporcionan concentraciones de alcaloides por gramo sustancialmente superiores a las de la hoja sin procesar, lo que los convierte en un producto categóricamente distinto desde la perspectiva de la seguridad hepática. Esta distinción no es opcional cuando hablamos de kratom y el hígado. Un extracto etiquetado como «50x» no contiene literalmente 50 veces los alcaloides gramo a gramo, pero la diferencia de concentración es real y farmacológicamente significativa. Datos de encuestas de Grundmann (2017) indican que la mayoría de los usuarios tradicionales en el sudeste asiático consumen entre 1 y 5 g de hoja cruda por sesión, mientras que algunos usuarios occidentales de extractos pueden estar ingiriendo cargas de alcaloides equivalentes a múltiplos de esa cantidad.
Si la hepatotoxicidad tiene algún componente dependiente de la dosis —y los datos in vitro sobre toxicidad mitocondrial sugieren que podría tenerlo—, entonces los extractos presentan un perfil de riesgo categóricamente diferente al de la hoja sin procesar. La literatura clínica no siempre distingue entre el uso de extracto y el de hoja, lo cual representa una laguna significativa. Pero desde un enfoque de reducción de daños, tratar los extractos como productos farmacológicamente distintos —y no simplemente como «kratom más fuerte»— es la única aproximación sensata.
La siguiente tabla resume las diferencias clave relevantes para la carga hepática:
| Factor | Hoja en polvo | Extracto concentrado |
|---|---|---|
| Contenido típico de mitraginina | 1–2 % en peso | Variable; frecuentemente 10–45 %+ en peso |
| Carga de alcaloides por dosis de 3 g | ~30–60 mg de mitraginina | ~300–1.350 mg de mitraginina (estimación) |
| Presencia de 7-hidroximitraginina | Trazas (<0,05 %) | A menudo enriquecida durante la extracción |
| Carga sobre el metabolismo hepático | Moderada | Sustancialmente mayor |
| Dificultad de ajuste de dosis | Más fácil (mayor volumen por dosis) | Más difícil (pequeños errores de medición = grandes variaciones de dosis) |
| Representación en informes de casos | Frecuentemente sin especificar | Frecuentemente sin especificar |
Factores de riesgo y quién debería ser prudente
Las personas con patología hepática previa son quienes afrontan el mayor riesgo de complicaciones hepáticas por el consumo de kratom. Con la base de evidencia disponible, varios grupos deberían extremar la precaución o directamente evitar el kratom. La enfermedad hepática preexistente —incluyendo hígado graso, hepatitis B o C, cirrosis o cualquier condición que ya comprometa la función hepática— es la señal de alarma más evidente. Si tu hígado ya está bajo presión, añadirle una sustancia que requiere un metabolismo hepático extenso y que tiene un potencial hepatotóxico documentado (aunque infrecuente) no es una apuesta que merezca la pena.
El uso simultáneo de otras sustancias hepatotóxicas amplifica el riesgo. El alcohol es el principal: el consumo crónico daña los hepatocitos y agota el glutatión, la principal defensa antioxidante del hígado. El paracetamol en dosis altas o frecuentes es otra preocupación. Ciertos medicamentos con receta, particularmente algunas estatinas, anticonvulsivantes y antifúngicos, tienen sus propios perfiles de hepatotoxicidad y comparten vías metabólicas CYP con los alcaloides del kratom.
Los inhibidores de CYP3A4 y CYP2D6 merecen mención específica. Si estás tomando fluoxetina, paroxetina o bupropión (inhibidores de CYP2D6), o claritromicina, ketoconazol o ritonavir (inhibidores de CYP3A4), estos fármacos pueden ralentizar el metabolismo del kratom y aumentar los niveles circulantes de alcaloides, lo que potencialmente incrementa tanto los efectos opioides como cualquier riesgo hepatotóxico.
También vale la pena mencionar la combinación con kava. Tanto el kratom como la kava tienen informes de casos independientes de lesión hepática, y ambos se metabolizan por vía hepática. No conocemos ningún estudio que haya examinado la combinación de forma específica, y esa ausencia de datos es en sí misma un motivo de prudencia. Cuando no hay evidencia sobre la carga hepática combinada, la postura más razonable es no asumir que es segura.
Comparación del riesgo hepático del kratom con otras sustancias
El riesgo de hepatotoxicidad del kratom parece situarse claramente por debajo del paracetamol y por encima de la mayoría de las infusiones herbales comunes, aunque la comparación directa resulta difícil debido a la escasez de datos epidemiológicos. Poner el kratom y el hígado en contexto requiere reconocer lo que sabemos sobre otras sustancias que la gente consume de forma habitual:
- Paracetamol: Principal causa de insuficiencia hepática aguda en el Reino Unido y Estados Unidos. Su toxicidad es dosis-dependiente y está bien caracterizada. El número de informes de casos atribuidos al kratom es una fracción mínima en comparación con la lesión hepática por paracetamol.
- Alcohol: El consumo crónico causa hígado graso, hepatitis alcohólica y cirrosis a través de mecanismos bien establecidos. El daño hepático a nivel poblacional causado por el alcohol eclipsa con creces cualquier cosa atribuida al kratom.
- Kava: Otro botánico con informes de casos documentados de hepatotoxicidad. El European drug monitoring bodies y varios estados miembros de la UE restringieron la venta de kava por preocupaciones de seguridad hepática a principios de los años 2000. El paralelismo con la situación regulatoria del kratom es instructivo.
- Extracto concentrado de té verde: Los suplementos de extracto de té verde en dosis altas han generado su propia colección de informes de hepatotoxicidad, lo que llevó a revisiones de seguridad por parte de la EFSA. Como en el caso del kratom, la forma concentrada conlleva un riesgo diferente al de la preparación tradicional.
- AINEs (ibuprofeno, diclofenaco): Tienen un riesgo documentado de hepatotoxicidad, particularmente con uso crónico. La lesión hepática asociada al diclofenaco está bien establecida en la literatura de farmacovigilancia.
Esta comparación no pretende minimizar el riesgo hepático del kratom, sino calibrarlo. No disponemos de los datos epidemiológicos necesarios para situar al kratom con precisión en este espectro, y cualquiera que afirme certeza en una u otra dirección está yendo más allá de lo que la evidencia permite.
Monitorización y reducción de daños
La analítica de función hepática periódica es la medida de reducción de daños más eficaz para quienes consumen kratom de forma regular. Un panel sanguíneo básico que mida ALT, AST, fosfatasa alcalina (ALP) y bilirrubina es económico y está ampliamente disponible. No se trata de alarmismo: es el mismo consejo que se aplica a cualquier persona que tome una sustancia con metabolismo hepático documentado e informes de lesión hepática durante periodos prolongados. Obtener valores basales antes de iniciar el uso regular, seguidos de un control a las 4–6 semanas y después periódicamente, detectaría la mayoría de los problemas en desarrollo de forma temprana, cuando la suspensión del kratom suele permitir una recuperación completa.
Señales de alarma que requieren atención inmediata:
- Coloración amarillenta de la piel o los ojos (ictericia)
- Orina inusualmente oscura
- Náuseas persistentes o dolor abdominal en el cuadrante superior derecho
- Fatiga inexplicable que no se resuelve con descanso
- Heces pálidas o de color arcilla
- Picor sin erupción cutánea (puede indicar colestasis)
Estos síntomas sugieren una posible colestasis o lesión hepatocelular y deberían motivar una evaluación médica urgente. Si acudes al médico, ser directo sobre el consumo de kratom le ayuda a solicitar las pruebas adecuadas: la lesión hepática por kratom puede mimetizar una hepatitis autoinmune o una lesión hepática inducida por otros fármacos, y el enfoque terapéutico difiere según el caso.
Mantener las dosis moderadas —las investigaciones mediante encuestas de Grundmann (2017) y Smith et al. (2023) indican que la mayoría de los usuarios que reportan resultados positivos sin efectos adversos significativos consumen entre 1 y 5 g de hoja en polvo por sesión— y evitar el uso diario cuando sea posible reduce la exposición hepática acumulativa. La tolerancia se desarrolla rápidamente con el consumo diario consecutivo, lo que tiende a empujar las dosis al alza con el tiempo, agravando cualquier riesgo relacionado con la dosis. Optar por hoja en polvo de proveedores que proporcionen análisis de contenido de alcaloides por lote y cribado de metales pesados ofrece una capa significativa de protección en comparación con productos sin analizar.
En resumen
La lesión hepática asociada al kratom es real pero parece ser infrecuente a nivel poblacional: la tasa de incidencia sigue sin cuantificarse porque carecemos de estudios prospectivos amplios. El mecanismo continúa en investigación, con la reacción idiosincrásica y la toxicidad mitocondrial directa como hipótesis principales. La mayoría de los casos documentados se resuelven tras la suspensión del consumo, aunque un número reducido ha sido grave. La patología hepática previa, el uso concomitante de sustancias hepatotóxicas, los inhibidores de enzimas CYP, las dosis altas y los extractos concentrados aumentan plausiblemente el riesgo. Los usuarios regulares se benefician de una monitorización periódica de la función hepática y de prestar atención a las señales de alarma tempranas.
Referencias
- Bradford, L.D. (2002). CYP2D6 allele frequency in European Caucasians, Asians, Africans and their descendants. Pharmacogenomics, 3(2), 229–243.
- European drug monitoring bodies (2021). Kratom (Mitragyna speciosa) drug profile. European drug monitoring bodies.
- US public health authorities (2019). US public health authorities laboratory analysis of kratom products for heavy metals. U.S. Food and Drug Administration.
- Grundmann, O. (2017). Patterns of kratom use and health impact in the US — results from an online survey. Drug and Alcohol Dependence, 176, 63–70.
- Kapp, F.G. et al. (2020). Intrahepatic cholestasis following abuse of powdered kratom (Mitragyna speciosa). Journal of Clinical and Translational Hepatology, 8(1), 79–84.
- Kruegel, A.C. & Grundmann, O. (2018). The medicinal chemistry and neuropharmacology of kratom: a preliminary discussion of a promising medicinal plant and analysis of its potential for abuse. Neuropharmacology, 134, 108–120.
- Kruegel, A.C. et al. (2016). Synthetic and receptor signaling explorations of the Mitragyna alkaloids. Journal of the American Chemical Society, 138(21), 6754–6764.
- NIDA (2024). El kratom. National Institute on Drug Abuse.
- Osborne, C.S. et al. (2022). A systematic review of kratom (Mitragyna speciosa) and liver injury. Drugs and Therapy Perspectives, 38, 260–267.
- Saidin, N.A. et al. (2023). Mitochondrial toxicity of mitragynine and its analogues in human hepatocytes. Toxicology in Vitro, 87, 105528.
- Smith, K.E. et al. (2023). Kratom use in the United States: demographics, use patterns, and clinical correlates. Journal of Addiction Medicine, 17(3), 315–322.
Última actualización: abril de 2026

Preguntas frecuentes
10 preguntas¿Puede el kratom dañar el hígado?
¿Qué síntomas hepáticos debería vigilar al consumir kratom?
¿Son los extractos de kratom más peligrosos para el hígado que la hoja en polvo?
¿Qué análisis de sangre son útiles para monitorizar la función hepática con el uso de kratom?
¿Puedo tomar kratom si ya tengo una enfermedad hepática?
¿Qué medicamentos pueden interactuar con el kratom a nivel hepático?
¿Pueden las variaciones genéticas en enzimas CYP450 afectar el riesgo hepático del kratom?
¿Pueden los medicamentos que inhiben el CYP3A4 hacer que el kratom sea más peligroso para el hígado?
¿Cuánto tarda el hígado en recuperarse tras dejar el kratom?
¿El consumo ocasional de kratom también puede afectar al hígado?
Sobre este artículo
Adam Parsons es un experimentado escritor, editor y autor de cannabis con una larga trayectoria de colaboraciones en publicaciones del sector. Su trabajo abarca el CBD, los psicodélicos, los etnobotánicos y temas relacio
Este artículo wiki se ha redactado con ayuda de IA y ha sido revisado por Adam Parsons, External contributor. Supervisión editorial a cargo de Joshua Askew.
Aviso médico. Este contenido es únicamente informativo y no constituye asesoramiento médico. Consulta a un profesional sanitario cualificado antes de consumir cualquier sustancia.
Última revisión 24 de abril de 2026
References
- [1]Bradford, L.D. (2002). CYP2D6 allele frequency in European Caucasians, Asians, Africans and their descendants. Pharmacogenomics , 3(2), 229–243. DOI: 10.1517/14622416.3.2.229
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