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Historia del microdosing en Silicon Valley: cómo las dosis subperceptuales pasaron del margen a la sala de juntas

AZARIUS · The 1950s and 60s: Before Anyone Said "Microdose"
Azarius · Historia del microdosing en Silicon Valley: cómo las dosis subperceptuales pasaron del margen a la sala de juntas

Definition

La historia del microdosing en Silicon Valley es una narrativa cultural y científica que recorre cómo la administración de dosis subperceptuales de psicodélicos clásicos evolucionó desde laboratorios de investigación de la Guerra Fría hasta convertirse en una práctica de productividad adoptada por profesionales del sector tecnológico. Sus raíces se remontan a los años cincuenta en la península de San Francisco, donde la cultura informática y la psicodélica convergieron geográfica y filosóficamente (Markoff, 2005).

18+ only — Este artículo trata sobre el uso de sustancias psicoactivas y está dirigido exclusivamente a personas adultas.

La historia del microdosing en Silicon Valley es una narrativa cultural y científica que recorre cómo la administración de dosis subperceptuales de psicodélicos evolucionó desde laboratorios de investigación de la Guerra Fría hasta convertirse en una práctica de productividad adoptada por profesionales del sector tecnológico. Las raíces de esta historia se hunden varias décadas más de lo que la mayoría imagina — hasta programas de investigación financiados por el gobierno, psicólogos disidentes y un tramo concreto de la península de San Francisco donde la cultura informática y la cultura psicodélica llevan intercambiando apuntes desde los años cincuenta. Comprender cómo la dosificación subperceptual saltó de curiosidad marginal a protocolo de despacho revela algo genuino tanto sobre las sustancias implicadas como sobre la cultura que las adoptó.

Los años 50 y 60: antes de que nadie dijera «microdosis»

El primer capítulo de esta historia arranca en 1955, cuando Al Hubbard — antiguo agente de la OSS — empezó a distribuir dietilamida del ácido lisérgico entre ingenieros, científicos y ejecutivos de California. No repartía dosis subperceptuales: eran sesiones completas, a menudo de 200 µg o más. Pero la semilla quedó plantada: los psicodélicos y la resolución técnica de problemas podían coexistir en la misma mesa.

AZARIUS · The 1950s and 60s: Before Anyone Said
AZARIUS · The 1950s and 60s: Before Anyone Said "Microdose"

El antecedente más directo del microdosing contemporáneo surgió de la International Foundation for Advanced Study (IFAS) en Menlo Park, activa entre 1961 y 1965. Bajo la dirección de James Fadiman y Willis Harman, la IFAS organizó sesiones estructuradas en las que ingenieros, arquitectos y matemáticos tomaban mescalina o LSD — generalmente a dosis moderadas, no micro — y trabajaban sobre problemas profesionales reales en los que llevaban tiempo atascados. Según la propia documentación de Fadiman, los participantes describieron soluciones a desafíos técnicos que sus empleadores implementaron posteriormente (Fadiman, 2011). Las dosis no eran subperceptuales, pero el marco conceptual ya estaba ahí: psicodélicos como herramientas cognitivas, no solo como vehículos de exploración de la conciencia.

Mientras tanto, a pocos kilómetros de distancia, el Augmentation Research Center de Doug Engelbart en el Stanford Research Institute estaba inventando el ratón del ordenador, el hipertexto y la videoconferencia. Múltiples testimonios sitúan a miembros del equipo de Engelbart en las reuniones de Ken Kesey y en sesiones de la IFAS. La coincidencia entre las personas que construían la informática personal y las que experimentaban con LSD no era casual — era geográfica, social y filosófica. John Markoff documentó esta convergencia en profundidad en What the Dormouse Said (2005), argumentando que la revolución del ordenador personal tenía una deuda real con la contracultura psicodélica del mismo código postal.

Las décadas silenciosas: de 1970 a 2000

El uso subperceptual de psicodélicos sobrevivió a la criminalización pasando a la clandestinidad, donde se mantuvo como práctica discreta entre un número reducido de investigadores y autoexperimentadores durante tres décadas. Steve Jobs declaró célebremente que sus experiencias con LSD fueron «una de las dos o tres cosas más importantes» que había hecho en su vida, una frase que repitió a varios biógrafos. Tampoco era microdosing — Jobs se refería a sesiones psicodélicas completas a mediados de los setenta. Pero la cita mantuvo vivo el vínculo cultural entre psicodélicos e innovación tecnológica dentro de la mitología de Silicon Valley.

Durante los años ochenta y noventa, la dosificación subperceptual existió sin nombre, sin protocolo y sin comunidad. Albert Hofmann — el químico que sintetizó el LSD por primera vez en 1938 y descubrió accidentalmente sus efectos en 1943 — usó, según diversas fuentes, dosis bajas de LSD en sus últimos años para mantener la claridad mental durante largas caminatas por los Alpes. Vivió hasta los 102 años, un dato que los defensores del microdosing adoran mencionar, aunque no demuestra nada sobre causalidad.

La práctica careció de estructura formal hasta 2011, cuando James Fadiman publicó el protocolo que lo cambió todo.

Fadiman y el protocolo que lanzó un movimiento

El libro de James Fadiman The Psychedelic Explorer's Guide (2011) es el texto más influyente de la cultura moderna del microdosing, el que codificó por primera vez la dosificación subperceptual en un sistema repetible. Fadiman — el mismo investigador de los estudios de la IFAS en los años sesenta — dedicó un capítulo entero a las dosis subperceptuales y propuso lo que se conocería como el «Protocolo Fadiman»: un día de dosis, dos días de descanso, repetir. Sugirió aproximadamente 10 µg de LSD o entre 0,1 y 0,3 g de setas de psilocibina secas — cantidades diseñadas para quedarse por debajo del umbral de efectos psicoactivos perceptibles.

Fadiman también empezó a recopilar autoinformes de voluntarios que seguían el protocolo y le enviaban sus experiencias por correo electrónico. Para 2019 había reunido más de 1.800 informes. Los datos eran autoseleccionados, no controlados y no ciegos — el propio Fadiman es el primero en reconocerlo —, pero el volumen de informes consistentemente positivos captó la atención de la comunidad científica y mediática (Fadiman & Korb, 2019). Los participantes describían mejoras en el estado de ánimo, mayor concentración y más creatividad. Si eso era farmacología o expectativa es una pregunta a la que llegaremos más adelante.

El momento Rolling Stone: 2015

El artículo de Rolling Stone de noviembre de 2015, titulado «How LSD Microdosing Became the Hot New Business Protocol», fue el punto de inflexión que catapultó la historia del microdosing en Silicon Valley a la conciencia pública generalizada. El reportaje perfilaba a trabajadores tecnológicos de San Francisco que tomaban entre 10 y 20 µg de LSD cada pocos días, afirmando que obtenían mayor productividad, mejor código y habilidades interpersonales más afinadas en el trabajo. No fue la primera pieza periodística sobre el tema — Tim Ferriss ya lo había abordado en su podcast, y el autoexperimento de Ayelet Waldman ya generaba atención —, pero Rolling Stone tenía un alcance masivo.

En menos de un año, el microdosing tenía su propio subreddit (que superó los 200.000 miembros en 2023), sus propios coaches, sus propios protocolos de cápsulas con marca, y una asociación firmemente establecida con la cultura de Silicon Valley. Paul Austin, un emprendedor de 27 años, lanzó Third Wave en 2016, ofreciendo cursos online sobre protocolos de microdosificación. La práctica había pasado de experimento clandestino a estilo de vida comercializable.

El encuadre tecnológico fue determinante para este giro cultural. El microdosing no se presentaba como uso recreativo de sustancias ni como práctica espiritual — era biohacking. La misma cultura que abrazaba pilas de nootrópicos, ayuno intermitente y anillos de seguimiento del sueño absorbió los psicodélicos subperceptuales dentro de su caja de herramientas de optimización. El idioma era productividad, no trascendencia.

Qué encontró realmente la ciencia

Los ensayos controlados sobre microdosing han producido resultados dispares, y los estudios más grandes sugieren que los efectos de expectativa podrían explicar la mayor parte de los beneficios reportados. El fenómeno cultural explotó años antes de que la ciencia rigurosa pudiera alcanzarlo, y cuando los ensayos controlados finalmente llegaron, los hallazgos pusieron en cuestión la narrativa dominante.

El estudio controlado más amplio y citado es el de Szigeti et al. (2021), publicado en eLife. Se trató de un estudio de ciencia ciudadana con autocegamiento que incluyó a 191 participantes que microdosificaban LSD. Los resultados mostraron mejoras significativas en bienestar psicológico — pero sin diferencia entre el grupo de microdosis y el grupo placebo. Ambos grupos mejoraron por igual. Los autores concluyeron que la expectativa, no la farmacología, era probablemente lo que impulsaba los beneficios reportados.

Un estudio más pequeño pero estrictamente controlado de Family et al. (2020), publicado en el Journal of Psychopharmacology, encontró que 13 µg de LSD no mejoraron significativamente el pensamiento creativo ni la flexibilidad cognitiva frente a placebo en 24 voluntarios sanos. Hubo algunas señales en submedidas específicas de creatividad, pero el resultado principal fue nulo.

En la otra dirección, Hutten et al. (2020) en la Universidad de Maastricht hallaron que dosis bajas repetidas de LSD (5–20 µg) sí producían cambios medibles en la percepción del dolor y el estado de ánimo en un entorno controlado, lo que sugiere que las dosis no son farmacológicamente inertes. Y la investigación con EEG de Prochazkova et al. (2018) en la Universidad de Leiden encontró que una única microdosis de trufas de psilocibina (0,37 g secas) mejoraba las puntuaciones de pensamiento convergente y divergente en un diseño abierto — aunque sin control placebo, los efectos de expectativa no pueden descartarse.

El resumen honesto: las dosis subperceptuales de psicodélicos clásicos probablemente hacen algo a nivel neuroquímico — se unen a los receptores serotoninérgicos 5-HT2A, y un agonismo incluso de bajo nivel puede influir en la señalización descendente. Pero si ese «algo» se traduce en los aumentos de creatividad y las mejoras de ánimo que miles de autoinformes describen sigue siendo genuinamente incierto. La respuesta placebo en este ámbito es enorme, en parte porque las personas que eligen microdosificar ya creen que funcionará. El EMCDDA (ahora EUDA) continúa monitorizando la evidencia emergente sobre el uso de psicodélicos a dosis bajas en los Estados miembros de la UE, y el programa de investigación de la Beckley Foundation sigue siendo una de las mejores fuentes independientes para rastrear hacia dónde se inclina la ciencia. En España, Energy Control — el servicio de reducción de riesgos vinculado a la asociación Bienestar y Desarrollo — ofrece análisis de sustancias y recursos informativos que complementan esta perspectiva desde el contexto ibérico.

El ángulo de la neuroplasticidad

El argumento mecanístico más sólido a favor del microdosing se centra en la neuroplasticidad — la capacidad del cerebro para formar nuevas conexiones sinápticas — y no en los efectos perceptuales agudos. Ly et al. (2018), publicando en Cell Reports, demostraron que los psicodélicos — incluidos LSD, psilocibina y DMT — promueven el crecimiento dendrítico y la sinaptogénesis en neuronas corticales, incluso a concentraciones bajas. El efecto era comparable al de la ketamina, un antidepresivo de acción rápida ya establecido. Esto se observó in vitro (cultivos celulares) e in vivo (modelos en roedores), no en humanos tomando comprimidos de 10 µg, así que la brecha de traslación es considerable. Pero ofrece un mecanismo plausible para beneficios a largo plazo que no aparecerían en un test de creatividad de una sola sesión.

Si el microdosing funciona a través de cambios estructurales graduales en la conectividad neuronal en lugar de alteraciones perceptuales agudas, cabría esperar que los beneficios emergieran a lo largo de semanas o meses — y que fueran lo bastante sutiles como para resultar casi imposibles de distinguir del placebo en ensayos a corto plazo. Este es el argumento más fuerte que tienen los defensores del microdosing, y no es irrazonable. Tampoco está demostrado.

Silicon Valley hoy y la cultura más allá

A principios de los años 2020, el microdosing se había extendido mucho más allá del sector tecnológico. La Global Drug Survey de 2020 registró la práctica en más de 40 países, con la mayor prevalencia en Norteamérica, Europa occidental y Australasia. La asociación con Silicon Valley persiste en la cobertura mediática, pero la base real de usuarios es mucho más amplia — artistas, terapeutas, jubilados, estudiantes.

Lo que Silicon Valley aportó a esta historia, más allá de la adopción temprana, fue un marco cultural específico: la cuantificación. Los microdosificadores de la cultura tech registran sus dosis, estado de ánimo, productividad y sueño en hojas de cálculo y aplicaciones. Ejecutan experimentos n=1 con días de descanso como controles. Este enfoque basado en datos es a la vez la fortaleza del movimiento (genera datos de autoinforme a escala utilizable) y su debilidad (el autoregistro sin cegamiento es simplemente sesgo de confirmación estructurado).

Las revelaciones sobre el uso de psicodélicos entre figuras prominentes del sector tecnológico siguen saliendo a la luz. Informaciones de 2023 describieron el uso regular de diversos psicodélicos entre ejecutivos y miembros de consejos de administración de grandes empresas, aunque la mayor parte de este uso implica dosis completas en retiros y no protocolos subperceptuales en la oficina. La frontera entre microdosing y uso recreativo siempre ha sido más difusa de lo que el branding de bienestar sugiere.

Comparación de sustancias para microdosing: LSD frente a trufas de psilocibina

No todo el microdosing es igual. Las dos sustancias más habituales — LSD y trufas de psilocibina — difieren en duración, estatus regulatorio y experiencia del usuario. Así se comparan dentro de protocolos subperceptuales:

FactorMicrodosis de LSDMicrodosis de trufa de psilocibina
Dosis típica5–20 µg0,5–1,0 g de trufa fresca (o 0,1–0,3 g seca)
Duración de los efectos8–12 horas por debajo del umbral4–6 horas por debajo del umbral
Consistencia de la dosisVariable (distribución desigual en secantes)Más consistente con material fresco pesado
Base de investigaciónMás ensayos controlados (Szigeti 2021, Family 2020)Menos ensayos controlados; Prochazkova 2018, diseño abierto
Preferencia del usuario (Global Drug Survey 2020)Más frecuente en NorteaméricaMás frecuente en Europa

Tres protocolos populares de microdosing comparados

El Protocolo Fadiman es el calendario más conocido, pero no es el único que surgió de la historia del microdosing en Silicon Valley. Tres protocolos dominan actualmente las comunidades de autoinforme, cada uno con un ritmo y una lógica distintos:

ProtocoloCalendarioOrigenCaso de uso típico
Protocolo Fadiman1 día con dosis, 2 días de descansoJames Fadiman, 2011Bienestar general y creatividad
Stamets Stack4 días con dosis, 3 de descanso (psilocibina + melena de león + niacina)Paul Stamets, circa 2017Apilamiento orientado a neuroplasticidad
Día alterno1 día con dosis, 1 día de descansoDerivado de la comunidadUsuarios que reportan acumulación de tolerancia con el calendario Fadiman
  • Protocolo Fadiman — El calendario más estudiado. Los dos días de descanso permiten que la tolerancia se reinicie por completo. El más indicado para quienes se inician.
  • Stamets Stack — Combina psilocibina con hongo melena de león y niacina. Paul Stamets plantea la hipótesis de que la combinación potencia la neurogénesis, aunque ningún ensayo controlado en humanos ha evaluado el stack como unidad.
  • Día alterno — Popular en comunidades de Reddit. Algunos usuarios reportan efectos acumulativos más marcados, pero la ventana de descanso más corta aumenta el riesgo de tolerancia y dificulta el autocegamiento.

Cronología: momentos clave en la historia del microdosing en Silicon Valley

El arco completo de esta historia abarca siete décadas. Estos son los hitos fundamentales:

AZARIUS · Timeline: Key Moments in Microdosing Silicon Valley History
AZARIUS · Timeline: Key Moments in Microdosing Silicon Valley History
  • 1955 — Al Hubbard empieza a distribuir LSD entre profesionales del Área de la Bahía
  • 1961–1965 — La IFAS en Menlo Park organiza sesiones psicodélicas de resolución de problemas para ingenieros
  • 1966–1968 — El LSD se criminaliza en California (1966) y después a nivel federal (1968)
  • Años 70 — Steve Jobs toma LSD; lo califica como una de las cosas más importantes que hizo en su vida
  • 2005 — John Markoff publica What the Dormouse Said, documentando el vínculo entre psicodélicos e informática
  • 2011 — Fadiman publica The Psychedelic Explorer's Guide con el primer protocolo formal de microdosing
  • 2015 — El artículo de Rolling Stone lleva el microdosing a la conciencia pública generalizada
  • 2016 — Se lanza Third Wave; el subreddit de microdosing crece rápidamente
  • 2018 — Ly et al. publican hallazgos sobre neuroplasticidad en Cell Reports; Prochazkova et al. estudian microdosis de trufas en Leiden
  • 2021 — El estudio controlado con placebo de Szigeti et al. no encuentra diferencia entre microdosis de LSD y placebo
  • 2023–2024 — La práctica sigue creciendo globalmente a pesar de una base de evidencia no concluyente

Qué nos dice realmente esta historia

La trayectoria desde Menlo Park en 1962 hasta un espacio de coworking en San Francisco en 2024 es ante todo un relato cultural, no una progresión científica lineal. Habla de la disposición de una comunidad concreta a experimentar consigo misma, de un conjunto de sustancias que genuinamente interactúan con la señalización serotoninérgica de formas interesantes, y de un ciclo mediático que amplificó la anécdota hasta convertirla en tendencia antes de que los datos pudieran alcanzarla.

AZARIUS · What This History Actually Tells You
AZARIUS · What This History Actually Tells You

Si te interesa la práctica en sí — protocolos, rangos de dosificación, lo que dice la investigación sobre riesgos —, la guía dedicada al microdosing en la Enciclopedia de Azarius cubre ese terreno en detalle. Quienes busquen trufas de psilocibina para un protocolo de microdosing pueden encontrar opciones preporcionadas como las Microdosing XP Truffles en la categoría de trufas de Azarius, y también Fresh Mushroom Grow Kits para un suministro a más largo plazo. Si tomas cualquier medicación psiquiátrica — en particular ISRS, IMAO o litio — consulta el artículo de interacciones en la Enciclopedia de Azarius antes de considerar cualquier protocolo psicodélico, incluso a niveles subperceptuales.

Lo más honesto que ha dicho cualquier científico sobre el microdosing vino de Balázs Szigeti tras su estudio controlado con placebo de 2021: «El microdosing podría funcionar. Pero ahora mismo no podemos determinar si funciona por la sustancia o porque tú crees que lo hace». Esa incertidumbre no ha frenado a nadie, por supuesto. En el Área de la Bahía nunca lo ha hecho.

Última actualización: abril de 2026

Preguntas frecuentes

¿Qué es el Protocolo Fadiman para microdosing?
Es un calendario propuesto por James Fadiman en 2011: un día de dosis (aproximadamente 10 µg de LSD o 0,1–0,3 g de setas secas de psilocibina), seguido de dos días de descanso, y repetir. Es el protocolo más estudiado y el más recomendado para quienes se inician.
¿Funciona realmente el microdosing según la ciencia?
Los resultados son dispares. El estudio más amplio (Szigeti et al., 2021) no encontró diferencia entre microdosis de LSD y placebo. Otros trabajos como Hutten et al. (2020) sí detectaron cambios medibles. La respuesta honesta es que la ciencia aún no puede confirmar ni descartar los beneficios reportados.
¿Cuál es la diferencia entre microdosificar LSD y trufas de psilocibina?
El LSD dura más (8–12 horas subumbrales frente a 4–6 de las trufas), pero la consistencia de dosis es mayor con trufas frescas pesadas. Según la Global Drug Survey 2020, el LSD predomina en Norteamérica y las trufas de psilocibina en Europa.
¿Qué relación tiene Silicon Valley con el microdosing?
Desde los años 50, la zona de la Bahía de San Francisco fue el epicentro donde convergieron la investigación psicodélica y la innovación tecnológica. La IFAS en Menlo Park (1961–1965) ya usaba psicodélicos como herramientas cognitivas para ingenieros, décadas antes de que el término «microdosis» existiera.
¿Qué es el Stamets Stack?
Es un protocolo propuesto por el micólogo Paul Stamets hacia 2017 que combina psilocibina con hongo melena de león y niacina durante 4 días seguidos, con 3 de descanso. La hipótesis es que la combinación potencia la neurogénesis, aunque ningún ensayo controlado en humanos ha evaluado el stack completo.
¿Qué papel desempeñó la International Foundation for Advanced Study (IFAS) en la historia del microdosing?
La IFAS operó en Menlo Park de 1961 a 1965, dirigida por James Fadiman y Willis Harman. Ingenieros, arquitectos y matemáticos tomaban dosis moderadas de mescalina o LSD y trabajaban en problemas profesionales reales en los que estaban atascados. Los participantes reportaron soluciones que sus empleadores implementaron posteriormente. Aunque las dosis no eran sub-perceptuales, la IFAS estableció el marco conceptual de los psicodélicos como herramientas cognitivas, precursor directo de la cultura actual de microdosificación.
¿Cómo se desarrolló la conexión entre psicodélicos y la computación personal temprana en Silicon Valley?
La superposición fue geográfica, social y filosófica. En los años 60, el Augmentation Research Center de Doug Engelbart en el Stanford Research Institute — donde se inventaron el ratón, el hipertexto y la videoconferencia — operaba cerca del IFAS en Menlo Park. Varios miembros del equipo de Engelbart asistieron a reuniones de Ken Kesey y a sesiones del IFAS. El periodista John Markoff documentó esta convergencia en What the Dormouse Said (2005), argumentando que la revolución del ordenador personal tenía una deuda real con la contracultura psicodélica de la misma zona.
¿Qué sustancias se utilizan con más frecuencia para hacer microdosis en Silicon Valley?
Las dos sustancias más vinculadas a la cultura de la microdosis en Silicon Valley son el LSD, que suele tomarse en torno a los 10 microgramos, y las setas de psilocibina, habitualmente en cantidades de entre 0,1 y 0,3 gramos de material seco. Ambas se consumen en dosis subperceptuales, es decir, pensadas para no provocar una intoxicación perceptible. Conviene recordar que las dos siguen siendo sustancias controladas por la legislación federal estadounidense, por muy pequeña que sea la cantidad empleada.
¿Por qué los trabajadores del sector tecnológico empezaron a microdosificarse para rendir más?
A comienzos de la década de 2010 empezaron a publicarse relatos sobre profesionales del mundo tech que recurrían a las microdosis con la esperanza de mejorar la concentración, la creatividad y la capacidad para resolver problemas durante jornadas de trabajo muy largas. Buena parte de ese interés surgió a raíz del libro de James Fadiman publicado en 2011 y de la cobertura mediática posterior, que recopilaba testimonios anecdóticos sobre efectos cognitivos y emocionales. Sin embargo, los estudios controlados realizados hasta la fecha no han logrado demostrar de forma consistente que exista un beneficio real en la productividad más allá del efecto placebo.

Sobre este artículo

Joshua Askew ejerce como Director Editorial de los contenidos wiki de Azarius. Es Director General de Yuqo, una agencia de contenidos especializada en trabajo editorial sobre cannabis, psicodélicos y etnobotánica en múlt

Este artículo wiki se ha redactado con ayuda de IA y ha sido revisado por Joshua Askew, Managing Director at Yuqo. Supervisión editorial a cargo de Adam Parsons.

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Aviso médico. Este contenido es únicamente informativo y no constituye asesoramiento médico. Consulta a un profesional sanitario cualificado antes de consumir cualquier sustancia.

Última revisión 24 de abril de 2026

References

  1. [1]Fadiman, J. (2011). The Psychedelic Explorer's Guide: Safe, Therapeutic, and Sacred Journeys. Park Street Press.
  2. [2]Pollan, M. (2018). How to Change Your Mind: What the New Science of Psychedelics Teaches Us. Penguin Press.

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